Pintores Mexicanos

Posada José Gpe

Fecha de Nacimiento(Defunción):Aguascalientes (1852-1913)

José Guadalupe Posada (1852-1913)
.. Grabador mexicano que nació en Aguascalientes. Fue ilustrador de periódicos satíricos donde popularizó las calaveras o “calacas” así como los esqueletos que usó en múltiples caricaturas sobre los abusos del gobierno de Porfirio Díaz y las intrigas políticas de esa época Fue un innovador al llevar con maestría los temas populares al arte. 
José Guadalupe Posada

Nació el 2 de febrero de 1852 en la ciudad de Aguascalientes. Aprendió las primeras letras en la pequeña escuela de su hermano Cirilo. Poco después ingresó en la Academia Municipal de Dibujo, dirigida por el maestro Antonio Várela, donde obtuvo los conocimientos básicos del arte. En 1867, a los 15 años, según el padrón de vecinos del Cuartel Noveno de Aguascalientes, aparecía ya con el oficio de pintor. En 1868 entró al taller de José Trinidad Pedroza, uno de los mejores de artes gráficas en su tiempo. Ahí se formó como ilustrador, llegando a dominar el arte litográfico. En el taller realizó las más variadas ilustraciones. Bajo la vigilancia atenta del impresor, hizo todas las litografías de El Jicote, semanario político de combate publicado por el taller. En busca de nuevos horizontes, maestro y alumno instalaron un nuevo taller en León, Guanajuato. Al cabo de un tiempo Pedroza retornó a Aguascalientes, quedando como dueño único del negocio, en 1876. En estos años produjo litografías para cajas de cerillos con reproducciones de monumentos, edificios y paseos públicos de León.

En 1883 empezó a dar clases de litografía en una secundaria, actividad que desarrolló hasta 1888. Para entonces, su dominio de la caligrafía le había hecho ganar varios concursos. En León trabó relación con Irineo Paz, escritor y editor, ilustrando las publicaciones salidas del taller; los diarios Gil Blas, El Popular, El Amigo del Pueblo y los seminarios Gil Blas cómico, La Patria Ilustrada y otros más. Llegó a la Ciudad de México en 1888 y pronto instaló su propio taller. Su relación con Vanegas Arroyo sería todo un acontecimiento en las artes gráficas. Ahí encontró un medio propicio para desplegar toda su potencia creativa, afirmando su estilo más característico y consumado artísticamente.

La Gaceta Callejera dio al grabador la oportunidad de convertirse en el cronista gráfico del siglo XIX. Murió el 20 de enero de 1913. Fue sepultado por un reducido grupo de amigos en una fosa de última categoría en el Panteón de Dolores.

Calavera catrina
Zincografía

Como casi todos los artistas plásticos, Diego Rivera reconoció también en Posada a un talentoso dibujante, precursor de nuestro arte modernista de identidad nacional. La catrina, símbolo de la elegancia femenina porfiriana, fue retomada por Diego en uno de sus murales para reforzar este simbolismo. Se entiende también como un homenaje al grabador. Posada, dijo el muralista, tan grande como Goya, fue creador de una riqueza inagotable.


Gran calavera eléctrica
Zincografía

El tema del transporte eléctrico en la Ciudad de México, una novedad a principios de siglo, se liga aquí al liderazgo sindical. Ni las calaveras quedan a salvo de la palabrería de los oradores que hacen la "grilla". El hábil grabador no deja la composición al azar. La desproporción de tamaño del líder respecto al resto de los elementos sirve para acentuar la jerarquía del personaje y establecer su intención expresiva.


Calavera revolucionaria
Zincografía. 1911

La figura ofrece solidez por su buen trazo estructural y el grafismo de la parte inferior, que contribuye a equilibrar los pesos. Correspondencia armoniosa entre las líneas que forman diagonales (la espada, las cananas y el rifle) y la posición de las botas. Los espesos y largos bigotes no sólo son parte de una identidad humana, distintivo en el revolucionario mexicano, sino factor también de equilibrio formal.




"DE POSADA Y SU LEGADO."
Fernando Flores Alvarado.



José Guadalupe Posada nació en Aguascalientes, México, el 2 de febrero de 1852, La fecha, en sí misma resulta significativa; el 2 de febrero es día de fiesta -el Día de la Candelaria- profundamente arraigado entre el pueblo mexicano, tanto como el Día de Muertos, que en los años futuros estaría tan estrechamente relacionado con las calaveras grabadas por Posada.

En aquellos años, el país sufria las convulsiones de las luchas por el poder, producto de la guerra de Reforma, José Guadalupe se reveló pronto como un extraordinario dibujante, muchas veces contrario a las reglas de la pintura académica mexicana, vigente hasta los primeros años del siglo XX. Sin embargo, sus mejores habilidades estaban en el grabado y sobre todo, en una nueva técnica mas burda y vigorosa; la litografía.

A los diecinueve años Posada tuvo el primer problema a causa de sus mordaces caricaturas grabadas; la aparición de una obra suya en un periódico local, El Jicote, ocasionó un problema político, y José Guadalupe debió huir. Este hecho nos señala una constante y afortunada consecuencia. En el futuro, Posada será un colaborador incansable de periódicos independientes como El Argos, La Patria, El Ahuízote, El Hijo del Ahuízote, Fray Gerundio y El Fandango, todos ellos opuestos al régimen de Porfirio Díaz, y algunos impresos de manera clandestina. Así, Posada perfila un estilo artistico que no solo retrata la esencia popular, sino que toma partido desde su interior. La consecuencia de su huída va, por otra parte, a definir el rumbo de su vida. Escapando a una pequeña población guanajuatense, León de los Aldamas, queda al frente de la litografía de José Trinidad Pedroza, quien se la cede en propiedad en 1876.

En éste tiempo, Posada es también maestro litógrafo de la secundaria leonesa.

En 1884, se muda con su esposa (María de Jesús Vela, con quien se casó en 1875 y no tuvo hijos) a la Ciudad de México. Su primer taller estuvo en la calle de Santa Teresa (hoy Guatemala) y después se cambió al número 5 de Santa Inés (ahora calle de la Moneda). Se asocia ahí con un prolífico editor, Antonio Venegas Arroyo, quien publicaba almanaques, recetarios, cancioneros y poesía, los cuales adquirieron un sello propio y especial con los grabados de Posada en sus portadas.

Más importante aún, José Guadalupe conoció, gracias a la colaboración con Venegas Arroyo, al litógrafo Santiago Hernández, quien en rigor invento la "calavera", esto es, la representación y el comentario satírico vistos en forma de cráneos, equeletos y versos cómicos. También conoce a Manuel Manilla, experto maestro grabador de quien Posada aprende muchos de los trucos del oficio. Algunas calaveras famosas que se atribuyen a Posada, como la "calavera zapatista" son en realidad obra de Manilla.

José Guadalupe Posada solo tuvo un hijo, fuera del matrimonio, que murió joven. El mismo Posada, que llevó una vida atormentada, falleció de una enteritis aguda en 1913. Irónicamente, este gran artífice de la celebración gráfica de la muerte, de la calavera anónima y universal, fue sepultado en una fosa común del Panteón de Dolores, entregado al olvido tanto como a la inmortalidad.

Aunque en realidad las calaveras constituyen la mejor parte de los grabados de Posada, que realizó miles de portadas con otros temas para Venegas Arroyo, son éstas su obra mas conocida, y de alguna manera las que expresan con mayor agudeza la crítica social contenida en su trabajo.

Posada hace vivir a los esqueletos y los cráneos, rehumanizándolos en un mundo terrenal como exponentes de la riqueza, la miseria, la injusticia, entre la sátira y la comicidad. Las calaveras -nombre de la presencia rediviva del muerto- no son solamente la representación del pueblo mexicano que baila, se pasea, se emborracha y baila en el festejo; son el pueblo mexicano.

Posada utiliza una sola prenda para darle personalidad a sus esqueletos; el sombrero. Las viste, además con los ropajes que les dan un carácter para la fiesta, la celebración, la pachanga, el llanto leal, siempre en una convivencia con nosotros los vivos. En los últimos años de Posada, su producción de calaveras aumenta y son las que ostentan personalidades mas definidas, rasgos más característicos, expresiones festivas que ningún artista había logrado antes.

Posada transformó un esqueleto común en una calaca, en una calavera, escencia del pueblo con sus pesares y alegrías.

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