ELIZABETH SALGADO

Mi nombre es Elizabeth Salgado. Nací en Morelia, Michoacán, un 21 de mayo del año 1970, jueves, creo.
Es interesante recordar que mi paso por el jardín de niños transcurrió tranquilamente aquí en Guadalajara, pasando desapercibido un pequeño hecho que tomé por común y corriente ya que mis compañeros pasaban por lo mismo: al término de los tres años salimos leyendo fluidamente. Durante las vacaciones nos trasladamos a otra ciudad en Michoacán y ahí ingresé al primer grado de primaria. Todo iba bien, pero a medio curso se les ocurrió cambiarme de escuela. El director (de lo que recuerdo como una escuela rural) me hizo un examen de lectura y en lugar de dejarme terminar primer grado, me colocó entre los de segundo, así que hice la primaria en 5 años. Me gustaba leer, supongo que por imitar a mi madre que se la pasaba leyendo; haciendo memoria recuerdo haber tenido en mis manos tanto libros como cuentos y revistas en una época en la que todavía no ingresaba a una escuela.
Comencé a escribir a los dieciocho años, por la necesidad de plasmar imágenes; pero al no saber dibujar, me dediqué a escribir lo que yo suponía eran poemas. Pasaron ocho años hasta que, durante mi estancia de cuatro años en Morelia, ingresé en el taller literario de la UMSNH, coordinado por el poeta Antonio Mendiola, y en un año logré mucho más que en todos los anteriores: encontrar una voz propia. Comenzaron las presentaciones en público y diversos foros tanto grupal como individualmente, publicaciones en periódicos y revistas en Morelia, Guadalajara, Aguascalientes y el DF, así como la plaquette no. 30 del Colectivo Poesía con el título Piel de hojas en otoño; colaboré en radio en el programa Ex-Libris y en el periódico Cambio de Michoacán.
Regresé a Guadalajara y me incorporé al grupo del poeta Raúl Bañuelos, conocido como Antitaller de Poesía César Vallejo, participando en él durante aproximadamente 3 años.

 

11:47 P. M.

EL
aullido
de
los
perros
hunde
su
cuchillo
en
la
carne
de
los
durmientes.

Crisálida

MIENTRAS
duermes
el
silencio
teje
sobre
ti
una
mortaja
de
hilos
leves.

Cita

LAS SOMBRAS ALADAS
de unas manos
se posan
sobre el borde somnoliento
de una taza de café.

Siguen cayendo hojas,

ME CUBREN EL CUERPO,
las calles,
los silencios.
Hay un laberinto en cada hoja
hay un refugio en cada tallo;
mis manos son hojas,
mis hojas,
barquitos de papel.

En la hoja que sigue...
(páginas arrancadas al árbol)

Primera página

TU ABRAZO Y TU BOCA EN MI CUELLO,
tu nombre en la savia de mis venas.

Segunda página

EL GATO EN LA COCINA BEBIENDO
los restos de la leche derramada.

Tercera página

ÁNGELES CON CABEZA DE FUEGO
resguardando una cuna.

Cuarta página

LA MOCHILA COLGANDO DEL
hombro de Gabriela.

Quinta página

MARISOL DE BOCA ROSA Y PIEL TAN
blanca, se despierta,
por la ventana observa el amanecer.

Sexta página

ESQUELETOS DE CABELLO LARGO VESTIDOS DE SAL.

Séptima página

UN PERRO Y SU SOMBRA CRUZAN LA CALLE,
un grillo temeroso brinca cerca
de mis pies.

Octava página

LIBROS QUE SE AMONTONAN UNOS
sobre otros en contienda verbal.

Novena página

UNA HOJA EN BLANCO
imaginariamente muerta.

MÓNICA NEPOTE

G
uadalajara, Jalisco, 1970. Estudió la licenciatura en Letras Hispanoamericanas en la Universidad de Guadalajara. Ha publicado poesía y ensayo en diversos suplementos culturales y en revistas de México, Chile, Colombia y Estados Unidos.
Ha obtenido la beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en el área de poesía en dos ocasiones. En 2002 recibió el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta que otorga el estado de Tamaulipas.
Actualmente tiene a su cargo una cápsula de artes visuales en la revista televisiva Luz verde, que transmite canal 22.

Libros de poemas: Trazos de noche herida, México, DF, Fondo Editorial Tierra Adentro, 1993. Islario, Guadalajara, Cuadernos de filodecaballos, 2001.

 

VUELVE LA LLUVIA
a tocar la banqueta
con tacto de mujer solitaria.

Bailarina
de los muros
estremece con lamento cristalino.

Los sordos
habitamos cuerpos tibios.

En una rebelión
desierta
abrimos la ventana.

LA PUNTA DEL LÁPIZ
traza un dibujo veloz.
La isla es un pájaro atado.
Huérfana
en el abrazo del mar
ofrece su cintura

A Seamus Heaney

ES ESTE PAPEL MI UNIVERSO:
Acá el continente,
la indiferencia café
de las grandes extensiones.
Aquí
un pequeño garabato
relleno de venas azules.
En el mapa,
la isla se adorna con collares de letras.
Escucho el corazón de las olas,
un mote de tinta
mancha la página opuesta.

Poética de los mapas

SI ABRO LOS OJOS
me descubro en medio de la isla
que como una vocal oculta
resume sus lindes en riscos.

Raro el alfabeto que aprendí:
la construcción de la palabra:
isla
breve y opuesta
a la llanura de los continentes.

En este frágil mundo
la lluvia crece contra los colores.
El mapa húmedo y viejo
muestra una ruta
trazada hace años
un sendero cuyo grosor
coincide con el índice,
cuyo sentido aflora
cada víspera de junio.

SURCAR EL MAR LA EMBARCACIÓN
fulgor parpadeante tras las olas.

Calienta el pescador su pan
gritos nocturnos desgarran el verano.

Hiere el diente las harinas
el pescador bendice su alma sosegada.

Va la nave quebradiza
como serpiente de altamar hacia el pasado.

Al encuentro de la niña que, en penitencia
arrojó su trenza al corazón del mar.

Oficiantes del whiskey

MAGOS OSCUROS
acarician la sinuosa sílaba de la cebada.
En el golpe ámbar
harán de ésta la danza de la lumbre,
escuchan desde la polilla.
La suerte lanzan al fondo de los vasos,
beben como quien aniquila el último país.
Mareados adivinos
el agua de la vida los traiciona,
poco queda en su cabeza,
sólo el desorden,
un árbol seco contra el paisaje soberano
cuánta garganta para tan poca profecía.

Sí, serán los héroes
los días de la batalla han regresado.

Nonna

EL VIAJE INICIA CON EL TEMOR EN LA LENGUA
un último beso a la montaña, a la casa.
Más allá de la memoria se abre el mar.
Es un ovillo negro en la tela de la madrugada,
una garganta rústica, la mano confundida
que dibuja países inciertos.
Nueva York fue un cúmulo de sonidos
que no supo descifrar,
el temor a la orilla de la falda.
Una piamontesa perdida en la violencia de lo extraño
cuyo rostro veo en medio de la bruma.

A ESTA MUJER LA SANGRE SE LE FUGA
En un torrente de pasto.

Con toda la calma y la paciencia
abotonada entre los dientes,
con las manos lastimadas
por la furia del jabón.

Su falda es la bandera
que dibuja los límites del cuerpo.

Y es así: quiera
en su misión de sostenerse
de un hilo delgadísimo,
sin murmurar su sueño desvelado
de mujer corrompida
por el alfabeto salvaje de las cosas.

MARTÍN ALMÁDEZ

N
ací (1970) en la plenitud y centro de Guadalajara; de ahí la devoción que le guardo, a pesar de no haberla tenido conmigo en la infancia. Criado por la conducta severa de una abuela, la soledad fue, durante los primeros años, mi confidente. El mundo se fue develando en la forma —antes atípica— de una familia: sin padre y con mamá sólo un día por semana. Rodeado de adultos, aprendí a que sus preocupaciones fueran mías. Así, cubrir las necesidades más elementales fue un primer horizonte, y la lectura un refugio y un arma para defenderse y ver a través de la ventana. Desde una noche en que la abuela desmayó sin pausa, no he podido acabar con la certidumbre de que algo —incontrolable— está por sucederme. Quizá a eso se deba un gesto de tristeza que me domina, y que sólo la lectura, más que la escritura, amaina. Estas líneas que vienen, y que ahora son materia de juicio a tus ojos, han sido —en el mejor de los casos— instantes de completitud: un encuentro con quien no conozco y sin embargo habito.

Libros de poemas: Cada vez que luna, Guadalajara, Secretaría de Cultura de Jalisco, 1997. Canto irrevocable, México, DF, Fondo Editorial Tierra Adentro, 2003.

 

Lo más mismo
(A Silvia, por compartir este desafío)

DECIDIMOS APENAS SE CONSUME LA PALABRA
cambiarlo todo,
trajiste tus cuadros contenedoras ventanas
medí el espacio y el mueble quedaría en su justo volumen;
preferiste lámparas blancas y circulares por aquello de la fuga de energía.
La casa nueva se levantaba cada noche, caminata o llovizna;
deberían ser muebles de todas las edades compartidas,
viejos dijiste, viejos dije,
seremos dos viejos entre las anchuras de estos muebles
—recuerdo confesé—
y echaste a reír frente a la mesa resignada a lucir el centro de una sala
tan ajena
distante de la calle vacía.
Una chimenea intocable alumbrada por las viejas cosechas
de la cava
la cava,
dijiste,
la cava que en otros tiempos hubiera perdonado
y que a cada paso
blanco
y tinto
fuiste llenando.
Quién hablará de esta casa
que cuando estamos se queda sola,
que la lluvia se vierte en óleo magnético detrás del cristal por nuestros ojos deslumbrado.
La casa con fervor se construye,
un teléfono la suena y la hace suya
las sillas tan pensadas y elegidas me alertan que habitaba ya
desde antes, desde atrás de la noche
esta casa que se construye contra la voluntad del tiempo
sola y tan llena conteniendo la sonata de Mozart que se estira
y desliza por la tarde de sábado donde hemos decidido
apenas la palabra se consume
cambiarlo todo
hasta lo más mismo.

Cuatro

DESPERTAR LA FLAMA
y sugerir la altura de su cuerpo

deberán crearse pues
los extremos
—como todo lo que es inevitable—

la flama
en ella encontrar lo vulnerable
reconocerse a través de su centro
y tirar de él
hacia el límite aéreo
del cuerpo
Sólo la flama de afilada forma
borrar puede el vacío

hay un punto nacido en la copa
de la flama

Fluye entonces
como caída de la tarde
la flama

un respiro nocturno
le ha deslizado al centro
su luz

encogida —ahora— proyectada luego
tras la forma definitiva
en la dimensión que la construye
la flama
entre la sombra y Ella
un despertar brota la distancia

en qué la flama
afana su terca lucidez

le viene de dónde
la sugestión de altura

la flama y sus existires
sin Ella tampoco la nada
:muros y sombras
techos, columnas

hacedora de espacio
como hiedra envenenada
la permanencia
de la flama.

Uno

COMO UN HALO SUSPENDIDO EN EL CUERPO, en el aire —un respiro— la voz vital de este pulso. Otra vez el espasmo de la incertidumbre. Como objeto autónomo, el corazón sin tregua, enfocado en su propio eje. Se alza un trote sin rumbo, temporal o infinito. El pulso y el corazón —instantes del cuerpo— en total ignorancia sincrónica. Ay de la vida que corre y los momentos del cuerpo pierden su glorioso paso. ¿Llegará la pausa, el paréntesis necesario? Otra vez el estupor y la altura de este cuerpo que se yergue.


VÍCTOR ORTIZ PARTIDA

V
íctor Ortiz Partida nació en Veracruz en 1970 y radica, desde 1983, en Guadalajara, en donde estudió Letras. Ha publicado en varios periódicos locales y de la ciudad de México, y en revistas como Tierra Adentro, Biblioteca de México, Casa del Tiempo, International Poetry Review, (paréntesis), Periódico de Poesía, Renglones, Si Scrive, La Tempestad y El Zahir. Pertenece al consejo de la revista Tragaluz.
Está incluido en El manantial latente. Muestra de poesía mexicana desde el ahora: 1986-2002.
En el periodo 1999-2000 obtuvo la beca Conaculta–Fonca para Jóvenes Creadores.
Desde 1997 ha trabajado en el periodismo cultural. Actualmente es editor de la sección de Cultura del periódico Público.

Libros de poemas: Escrúpulo del minutero, Guadalajara, Secretaría de Cultura de Jalisco, 1994. La sal de los lucientes, México, DF, Fondo Editorial Tierra Adentro, 1997.

 

Instrucciones

1
ENCUENTRAS LA TRAMPA AL REINO DE LA ARENA
donde el cristal suelta el silbo
y es un sueño irrepetible del halcón

Las nubes son alianza entre las rocas,
remolino salobre cuando llueve,
látigo para pieles jóvenes.

Inversión salina del rasgo virginal:
“Sólo conozco sus ojos,
de tanto verlos se olvidaron de mí”.
Fiel a su manto,
la paseante da a entender una sonrisa
mordedura, reflejo albo
ánima del papel vacío

Ante la magia del contorno
aíslas el espectro.
Jalas su hilo en busca de un camino recuperable
Bajo cada guarida un túnel grabado,
en cada balcón una llave recargada a la espera.

Recreación de la paciencia,
inflama un párpado su gozo reclamado.
Se vislumbra el ojo,
saeta en este corredor de amparados.
“No siempre estamos aquí los que soñamos.
En la otra orilla del ensueño
algunos fundan ciudades
para un despertar más amplio”.

¿Cómo aproximar esa orilla?

2
NO ES SÓLO TRASLADARSE,
todo debe reconstruirse bajo la cúpula
de la transfiguración.
Piedra a piedra
reconocido el mito,
se afianzará el soporte.
Tenemos dos manos
y memoria para la ciudad nueva.

(Sueño encerrado en una ampolleta,
¿dónde el venero?)

Construir no es superar el derrumbe,
olvidar el fabuloso reino de la arena
y sus ojos

Este fundar es alquimia de resurrecciones.
Brillan,
parecen nuevos los goznes
Las puertas ofrecen abismos relucientes
pronto famosos.

“Recuperad, recuperad”,
parecen decir (lo dicen oidor falso)
los ancianos de laberintos y espejos.
¿Qué hacer con sus ángulos, vueltas, ilusiones ópticas?
Es el temblor más escabroso su sabiduría
(Al tiempo que duermen llena la página)

3
NECESARIO EL ENCANTO EN LOS MUROS
para habitar el sopor.

Calcinar la plaza del reino
es religión cómoda para fundadores.
Pero ánimo insurrectos.

Palabras de aliento
escritas en las halas del halcón
fiel a los condenados en sueños.

Llega el derrumbe,
el reino de arena no se sustenta más
ni en la sombra de un abrazo a la almohada.
Pero desamarra el lazo y vuela,
sigue al halcón.

“Cualquier hora es buena a la hora de despertar”,
descubrirás la clave en el chirrido del papel a contraluz.
Todo viaje al final tiene una puerta que se abre.

El desierto es

Tanta es la piedra que habrá costado
al desierto su inocencia.
Guy Davenport

EL DESIERTO ES. PRONTO SE LEVANTARÁ ayudado por sus piedras y sus vientos. Con cuerpo de arenisca invadirá el resto de la tierra feliz.
Se ha pensado siempre en un mar de arena. Desde el día de la invasión se tendrá que pensar en un mundo de arena.
El desierto es también lo que será.
Lloverá arena hacia el cielo, expropiará el espacio, un nuevo deslinde se vislumbra necesario.
Gotas de cristal de diferentes sonoridades harán mares. La noche ya no será el invierno del desierto. El simún será un sueño de la nueva bestia surgida de la marea cristalina. De su evolución se rescatará una sinfonía.
Por el momento podemos ilusionarnos con las fantásticas formas y el nuevo lenguaje, La procreación es quebradero para eruditos.
El desierto es gracias a nuestras faltas, pero principalmente, por la cordura de su avance desde el margen.

La paciencia y el nombre

EN SUS GRIETAS LA SAL ES PERMANENCIA DE LA RED.
En sus ojos aún habita el secreto de la pesca.
La barca se detenía siempre sobre el cardumen de su presentimiento.
Pez a pez conquistaba la mar.

En el alba del océano vacío ya no hay lluvia de espasmos ni aletas dorsales que lo guíen a la captura.

*
Lucha contra el sopor ante la soledad.
De su pestañeo nacen islas antiguas para hilvanar un archipiélago infinito.

*
En las aguas rítmicas de su corazón se mece la barca. Ella le regala la palabra dársena y él arroja el ancla de su consagración.

En el altar portuario el surgidero de flores blancas en los espinos, la singular blasfemia del miedo sin tiburón.

*
Enciende su hoguera para alcanzar la llama viva, pero llueve. El vapor esconde el puerto y se convierte en el primer hogar invisible de su historia.

Sólo la memoria del templo inaccesible sostiene ahora al pescador.

*
No fue dichoso en tierra firme. Su barca detenida conserva un parecido húmedo con la nave de coral en la que desapareció el rostro sin nombre que intenta recordar.

¿Cómo invocar ese rostro que sólo fue destello entre las olas del último mar a mediodía?

*
La voz aislada se sube al faro de la imagen para nombrar con paciencia las embarcaciones de la noche.

Una estrella de dolor termina en la garganta deshecha por el nombre recién hallado.

Darling

TU ALIENTO ES LA BÓVEDA TRANSPARENTE que flota sobre edificios pálidos. Los reflejos de la ciudad a mediodía sirven para reconstruir tu boca.

(Tu casa en las orillas es la sonrisa de la paja bajo un correo de nubes –pero el cielo no podría ser más azul.)

Tu cabello lacio es la avenida. Asia sobrevive en las ranuras de tus ojos.

(Encajo las esferas de la armonía en los casilleros de tu traje a cuadros.)

Tus pestañas son calles por las que brillan escarabajos verdes.

(En la superficie de los insectos pulo mi lengua y luego canto para recordar tu barbilla.)

Bugambilias: tus dientes derraman la arteria congestionada.

(El río de lumbre y experiencia tendrá el mismo caudal el último año, las arrugas serán tus más brillantes días.)

Me recuerdo a los veinte, el mundo era mi piel y yo tenía la blancura del arroz.

(Terraza húmeda, soy el retoño verde del grano, un brote que se despereza en tu mirada.)

Sembradíos y campamentos. Tu ejército de semillas combate el hambre en los pueblos.

(Amo tu sonrisa descascarada, huelo tus flores blancas.)

Flotas con la brisa sobre casas largas e inciertas. Brillo escarpado y deslumbramiento.

(Desde este balcón escucho tu carruaje que se aleja hacia el centro de luz, sus ruedas de paja, hilos de paja que se consumen.)

Enero

ENERO SE POSÓ INESPERADO araña de luz desde un cielo de polvo.

Llegó enero como un río feliz: Janeiro, el mes para la fiesta de culto radical.

El ángel tira la piedra hacia el futuro, esconde la mano y reza a cielo abierto en espera de la lluvia de un recuerdo.

Enero se quiere armar de memorias límpidas, repetirse sin miedo en el espejo de nubes transparentes.

Comienza su imagen. Se vislumbra la materia de las alas. Se diría seda por la mañana, claridades en el tul, o no se diría: algodón desintegrado, la imagen no se forma.

Enero es así, un mes de virtudes que desaparecen o se esconden luego de una lúcida gestación.

La luz de enero pasa. Hazaña de silbo ferroviario que no alcanzó a ser monótono y se perdió en las inmediaciones de abril –polen y florilegio en el después.

ALEJANDRO GONZÁLEZ GONZÁLEZ

N

o nací el 17 de julio de 1971, y de niño quería tener una pistola que aventara telas de araña para así trepar a las azoteas. Pero el mundo era injusto el hombre todavía mediocre y su cerebro demasiado chico, así que mientras esperaba que inventaran mi pistola, jugaba con lazos que nunca resistían. Después giró el mundo (desgraciadamente nadie pudo meterle telarañas a una pistola), conocí las letras y me llamó la atención la forma en que se agrupan (¿en silencio pero gritando?). Aprendí que a escribir se empieza con la primer letra, después con la primer palabra y así se va juntando una familia (cuestión de soltura). Esto sería del todo bueno si lo que escribiésemos fuera con el afán de darle algo al mundo; pero cuando esto es más terapéutico que otra cosa, su valor, créanlo (Oh, hermoso público) decrece enormemente. Los traumas, los dolores, los sinsabores y toda clase de bichos existenciales no se hacen esperar…
Una botella al mar…
La pluma que uso es marca “pentel” (creo que así dice)
Dos botellas al mar…
Mientras existan hombres tercos, no hay que detenerse en pendejadas.
Tres botellas al mar…
Dejo la pluma y me rasco una axila (así es esto de la comezón)
Cuatro botellas al mar…
Hace mucho que no escribía de mí (esto es una prueba, ¡probando, probando!)
Seguimos odiando el tamaño promedio impuesto al cajón de la razón, al sí tajante, al no rotundo, odiar las extremidades sociales hasta el extremo. Cualidades que no tengo o que he ido perdiendo, y me río de eso porque cada que lo pienso me defraudo un poco más. Por ejemplo: no nací el 17 de julio de 1971 sino hasta el siguiente día, ahí empecé a tener muchos problemas.

Biografía

DE LOS ÚLTIMOS
De los que nadie escogía
De los que por mala suerte (decían los amigos)
Estás en nuestro equipo.
Mal tino en las canicas
Suerte de ¨chiras pelas¨
Y dueño de un trompo con amnesia
Que se volvió piedra truena cristales de doña Alpidia
Goleada en el futbol
Descalabro en la riña
Llorón de la chingada, risa fácil,
¡Ponte en paz!
¡Pincheloco!
Entre los locos de su familia
Hijo cuarto de entre seis
Papá y mamá (le viven)
Impresor
Tonto sueña…
a veces canta.

LA VIDA ES UN CIRCO
Que nos va quitando lo payaso.

JUGANDO AL DOMADOR
Caí en la jaula
De una mujer feroz

Tan contraria me era
Que el día que más la amaba
Le grité ¡¡¡déjame en paz!!!
Para que me quisiera

Y que en paz me deja
Y agarra sus cosas
Y se marcha la pendeja

TODO POEMA ES UN BOCETO
De algo que se le olvidó hacer
A Dios.

HAY COSAS QUE NO TIENEN EXPLICACIÓN...
Por esas vivimos.

NO LE TENGAS MIEDO A LA PÁGINA EN BLANCO
Sino a la que ya escribiste.

¡AH, LA VIDA Y SU MÉTODO DE TIEMPO!
No hay mejor forma
De ir muriendo lenta
mente.

NUNCA CREAS EN MIS POEMAS

Siempre están sujetos a cambios
De última hora.

Currículum vitae

—SÍ SEÑOR, SOY UN PENDEJO…
¡Un perfecto pendejo!
27 años de experiencia me respaldan

Recuerdos

LLUEVE
Doblo el pensamiento
Y hago un barco de papel

Levo anclas
Izo velas

Zarparé con viento en proa.

Otoño

MALDIGO EL OTOÑO MIENTRAS BARRO
¿En qué se distraen los árboles?
¿Por qué no logran su poema?

El poeta

DIJO QUE ELLOS NUNCA MORIRÍAN DE HAMBRE
Y sin asomo de arrepentimiento
Se fue tragando
Todas sus palabras.

El mar

YA NO VOLVÍ A ENTRAR
Y quedó triste
Porque en el fondo
Me quería.

Plastilina

¡NO,
ya no!

Porque tú nomás me calientas
y me haces como quieres.

Azotea

A ESTA EDAD ES TRISTE LOS DOMINGOS
no poderse hacer uno pendejo.

Y tener la certeza de que
Esos fantasmas que bailan
son pura ropa colgada
Que ese pájaro dinosaurio
es un avión
Que este tinaco
no es un cenote sagrado
Y que aquel incendio
detrás de tantas casas
es el sol
que ya se va.

III
(la fuga)

YO TENÍA DOS POEMAS
De verso libre
y se querían
Y un día
¡¿no sé quién chingados
dejó abierta la libreta?!


LUIS VICENTE DE AGUINAGA

(Improvisación autobiográfica)
N
o sé muy bien dónde nací. Mis papeles dicen que nací en Tepic, Nayarit, pero mis padres y familiares tienen claro que nací en Guadalajara, Jalisco. Corrijo: parece a veces que no lo tienen lo bastante claro. No hay dudas con la fecha, el 6 de octubre de 1971, pero (insisto) sí con el sitio. La confusión es comprensible: mis padres y mi hermano —quien había nacido en Tepic un año y diez meses antes que yo— vivían por aquellos rumbos nayaritas cuando yo vine al mundo, como suele ridículamente decirse, y sólo regresaron aquí a Guadalajara con motivo del inminente parto de mi madre, resuelta con juvenil testarudez (apenas tenía diecinueve años) a criar un hijo tepiqueño y otro tapatío. Regresaron, digo: la familia de mi padre tiene mucho de jalisciense, lo mismo que mi familia materna. De vuelta en mi querido Tepic —esta vez quiero ser yo el ridículo— la venganza cobró forma: fui registrado como natural de aquella ciudad (más bella, por cierto, que la imagen resultante de su mal prestigio) y le tomé gusto a los nanches en bolsita, las playas muy cercanas y las caminatas por el espléndido parque de La Loma.
Ya se ve que me gusta incurrir en digresiones y abrir paréntesis. La digresión mayor, el más alegre y extendido paréntesis me fue dado abrirlo en 1971, tras el parto dificultoso de mi madre. Me refiero a lo que llevo de vida, que me tiene feliz. No soy ni quiero ser un tipo nebuloso, turbio, melancólico ni oscuro. Lo raro es que no trago a Carlos Pellicer (con determinadas excepciones, claro) ni a su corte de poetas diurnos, armónicos y detestablemente seguros de sí mismos. Tal vez por esto mi primera plaquette (de 1989) se llamó Noctambulario. Mi segunda plaquette, siento yo que de mejor título, es Nombre (de 1990) y mi primer libro es Piedras hundidas en la piedra (de 1992). Escribí los poemas de ambos cuadernitos y los del primer libro en los años que frecuentaba —con Martín Mora, Baudelio Lara, Cuauhtémoc Vite, José Ramos y otros poetas o aspirantes a tales— el taller de Raúl Bañuelos. Después he publicado El agua circular, el fuego (1995), La cercanía (2000) y Cien tus ojos (2003). Con regularidad escribo artículos y ensayos, y hago traducciones de vez en cuando, y soy profesor de literatura. He viajado, aprendido idiomas, hecho largos y complicados estudios, obtenido becas, publicado en revistas y periódicos de muchas partes, conocido a gente más o menos famosa... Lo de siempre. Y lo que más importa: vivo casado y contento, ando con buenos amigos y trabajo en lo que me gusta.

Libros de poemas: Noctambulario, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 1989. Nombre, Zacatecas, Praxis–Dosfilos, 1990. Piedras hundidas en la piedra, México, DF, Fondo Editorial Tierra Adentro, 1992. El agua circular, el fuego, México, DF, UNAM, 1995. La cercanía, Guadalajara, Filodecaballos, 2000. Cien tus ojos, México, DF, Ediciones Sin Nombre / Universidad de Guadalajara, 2003.

 

Fosa común

1
HÉNOS VENIDOS. UNO
y su desierta oscuridad y el
cuello herrado.
(Hénos aquí,
el opalescente:
van
cayendo nosotros. Vana piedras. ¿Quieres
ver esta cara que te mira?

El salitre. Los palpos
hirientes del carbón / campos labrados
por el fuego / trozos
de pan trozos de un pan
cocido bajo tierra.

Pero todo fue oscuro, y no
tuvimos ojos.)
Uno.
Y el cuerpo. Y ante nadie
vibra
la línea mortal de lo visible.

Puente

1
EL AIRE BRUNO, PARDO, EM-
pardecido: ¿cuál
es el aire que rodea a este puente, que envuelve
con vueltas de carnero
su camino de arco? El puente sobre el agua
y bajo el trueno; el agua, espuma y gotas.
leche de qué teta subsuelaria. sordos
aljibes de neblina. ¿de metálica
sombra? El aire

se repite en el aire
repetido del agua. nubes
y el reflejo de nubes espumosas. y el reflujo del
trueno, y el
traspiés eléctrico del fango
bajo el agua,
bajo el puente —dame ir
a la profunda arena de lo bajo, luz
y buscar las lámparas de una ciudad envejecida.
lodosa.

3
TUYA ES EL AGUA, CUERPO,
en que naufragas. El puro
puente sin abismo
y sus lados cornamentales de tal sobremanera,
como huesos de médulas raíces.
Tuya es el agua
y sus caravanas de polvo y de cadáver, ah,
enormemente,

ah rúnica
escritura de oleaje, de ilegible
fe
—si es que la tiene. Puro

cuerpo de líquido arrugado, arrugado,
blanco:
seguirá el mar
anclado a las cárceles del pez,
Sísifo
siendo jalado por la roca.

El visitante

1
¿ESPERAS, Y ESPERAS, ESPERAS AL
patriarca? Toma

esta piedra: tállala. Construye
para su barba un rostro
gris, o
una rodilla, o unos pechos
cupularmente blandos y exteriores.
Tócalo en tu sueño y sueña
sus palabras. Sácale
filo a sus palabras: raya
su mirada parabólica, raya
el ojo suyo que medita—
mancha
su sudario. ¿Esperas

al patriarca? Una
piedra to-
ma.

Mátalo; vendrá
si no lo haces.

2
(SI FUERA UN HOMBRE, ÉL,
y si viniera. Si caminara el mundo
sin tocarlo, si destocara el agua
caminándola: si fuera un
hombre, cuerpo, si viniera, ¿cómo traer el cuerpo
a donde ya no hay cuerpos, deje a la roca
derretirse, al
pez ser ave, tenga su cuerpo y lléve
se su cuerpo, cómo, cómo acercar
al suelo o su palabra, si
fuera un hombre, a qué
venir si ya no hay nadie, sí,
no hay nadie? Mejor, mejor,
si fuera un hombre, ¿qué
decirle? —que
se aleje, tome el camino
del regreso, mejor, y
de regreso
tome una piedra y tállela, sudario
el suyo, desértico y de arenas
afiladas, una
piedra y en ella
busque, in
vente nuestra imagen,
nuestro, el
nuestro balbuceo. Si fuera
un hombre, si fue
ramos nosotros, cuerpo, algo, si fuera
usted un hombre
no vendría, no iría, no vendría a
donde nadie, ni nada,
lo ha llamado. Mejor

váyase, y tome una piedra, y tape

con piedra sus oídos, mejor, no sea que venga
yo y dé la tierra toda al anatema.

3
IDO Y
venido,
está en
la puerta: espera. ¿Para

irse de nuevo, y
de viejo y barbado
para irse
espera? Con su

barba de claridad
¿quién puede
verlo? Ni
de noche, brillando,

sería visto. Vá-
yase ya; es un aire
de fuego el que respira.
Pero entra. Vuelve. Allana

el pórtico, allana la ciudad
cancelada
y es un buitre. Vencidos
los cerrojos.
Ven-

drá el patriarca.

Viene.
Ya

ha llegado: Él rómpete
los dientes, quiébrate
sonoro el hueso
que te pone de pie y acuesta
en ti los yunques
de la muerte. El púdrete. Es-

cúpete a la cara.

II
LA PUERTA EL ECO, EL HUÉSPED. SOMBRA INTERIOR DE UN ÚTERO
preñado, cargado el tiempo entero de vaticinios,
cargado el tiempo entero de postergaciones.
Murallas, pueblo de murallas. Sombra interior de un cuerpo
hermético, de una piedra anudada entre sus propias orillas.
La noche desoye su propia llamarada.
Dejo atrás una puerta y me arropo con el temor antiguo
de los pordioseros: ¿quién sabrá si esa puerta
era el ingreso a una cámara más breve o la primera caricia
de la atmósfera?
Salir y entrar. Nadie habla de salir en este pueblo.
Las paredes son algo más que el fin del mundo: son la sombra
del mundo,
son la imagen de un mundo hecho de un rostro duplicado.
Yo vine sin edad a esta tierra de bestias y desesperanza
y fundé una ciudad que habito y que no me abandona.
Fui habitando esta isla, nacida en la mutilación del espacio,
germinada en la mutilación del espacio igual que la memoria
en los muertos.
Tengo la edad de los guerreros, y no soy un guerrero.
Soy un centinela y un prófugo, un ahogado y un ángel,
un viento que se dispersa y choca contra el viento,
unas larvas de aire que se juntan sobre su espinazo,
una serpiente dicha en letras de viento y alzada bajo el aire
y tocada por un viento propicio a las heridas.
La puerta, el eco. Lo dicho: el eco de la puerta golpeada huele
mi rastro y balbucea su rosario de salivas: llueve.
Una lluvia mansa cubre mi rastro. Una lluvia continua, lluvia
que acelera sus palpitaciones de guijarro. Una lluvia
implacable, severa, lunar, inconmovible.
Charcos; el suelo es una repetición de labios minerales. Soy!
un viento y mis rodillas se rozan
como si llevara cada una un rumbo distinto,
sí, como si una pierna me atara a las mazmorras y la otra
me llevara a las puertas, a doblegar los cerrojos,
a sacrificar guardianes que se han cubierto de láminas
por no verme a la cara.
Llueve. Dos vientos se rozan, yo los oigo. El mar. La red.
La puerta.

5
UNA MUCHACHA, SIGUIENDO TAL VEZ EL TRÁNSITO DE UN JUGUETE
envejecido y musgoso, o yendo a enjuagar la sangre
de su dios sin espalda,
nos mira de lejos y se cubre el rostro con un grito.
Lejana, por casi nada invisible: siente sobre sus muslos,
un apretado avance de miradas,
un doble encono de insectos sobre la repetida península
de sus muslos.
Los varones de la tribu la exploran desde la orilla,
desde el tiempo giratorio de la orilla;
desembarcan en sus vestiduras, que parecen alfombras
de un templo angosto en el que ronda el sacrificio.
La muchacha escapa y la perdemos voluntariamente,
por no memorizar el camino, la puerta que adivinamos custodiada.
La ciudad protegida por generaciones que penosamente sueñan
rebeliones, que en duermevela diseñan el nervioso
itinerario de los desertores.
Mapas, fantasmas de la huida. ¿Sueñan o fingen el sueño?
¿Por qué cierran los ojos cuando el mar los enfrenta
igual que una mano cerrada, un puño de cinco peces
que la enana reciedumbre de sus torres agrandaría
entre sus cejas, contra sus narices, contra el reseco
designio de sus labios?
Murallas, pueblos de murallas. Lo dicho: no distinguimos
la gestación del ruido.
No distinguimos sus motores ni sus rampas.
Alguien perforó con asco la enredadera que nos oculta y oculta
la ciudad ante nosotros. Caracol que no abandona su tumba.
Espeso rumor de olas, blanda invasión de olas, cielo agrietado
por pelícanos, cruces blanqueadas, plumas, gritos
que cimientan los delgados ramajes del silencio.
Pasó ya el grito de la joven que huyó sin comprender que la sola
firmeza de sus pasos le daba el triunfo, se lo daba
en las manos.
Era su eco. Fue su eco. Es un eco y un aire que ablanda
nuestros pies y los corta y los hiere y los hierve
y los eriza; es una sal perpetua.
Es la sal renovada, el pálpito de filos que nos persigue
en el desierto y huele en el océano nuestros ojos;
es el ejército que desarruga su pólvora cuando estamos a tiro,
cuando tras las dunas somos la greña de los presidiarios
que lograron hundir sus cadenas en la noche;
es el agua sucia y el pan lleno de hongos,
la tronera que únicamente cruzan los murciélagos;
es la trepidación del vértigo, que ciñe sus correas
en la sudorosa longitud de las frentes,
nuestros oídos salitrosos: náufragos;
es la espada que nos lee como los magos a la hez del vino;
es la fusta cuando muerde las nucas, el tigre cuando vence
la jaula, la mina cuando su espera concluye y revienta
y desborda sus amarras;
es el tosco amuleto que, a cambio de guiarnos, pica
nuestras costillas, nos empuja y amenaza con dispararnos
a mansalva;
es el árbol o el viaje, el eje frecuente que nos ata.
El grito se ha perdido; la muchacha viste ahora el humo ahogado
del recuerdo. Fractura un segundo y lo restaña.
Los ojos ven la mañana: el instante: el humo: el recuerdo:
alguien abrió en el muro un túnel que pronto invadirá
otra vez la selva. Lo miran: célula de viento, luz.
Esbelto camino al abandono, córnea hueca: nada.
Creen escuchar de nuevo el grito. No: es un viento que sopla
y el canal la flauta que lo afina. Viento.
La mirada surca esa barda
y la tierra floja puebla de torbellinos el espacio.
El desierto, ¿el desierto entre rejas?
¿Es que no hay ruidos? ¿Es que no vive nadie al otro lado?

ALEJANDRO ZAPA

M
éxico DF, 22 de abril de 1972. Hijo adoptivo de San Pedro Tlaquepaque, lugar en donde radico desde 1980. Dirigí la revista Metamorfosis (1989-1990) de la Preparatoria 4 de la Universidad de Guadalajara, escuela en la que fui alumno de Luis Patiño. En el año de 1991 asistí al taller de poesía de Raúl Bañuelos, en el Centro de Estudios Literarios; en ese mismo año ingresé a la escuela de Música de la Universidad de Guadalajara Fui miembro del consejo editorial de la revista El Hoyo (1992-1993). En marzo de 1994, junto con Felipe Ponce y Gustavo Hernández fundamos Ediciones Arlequín, con la finalidad de publicar nuestros poemitas y de otros poetas bisbirindos. En el mes de mayo de ese año se editó mi libro No comas ángeles.
Poemas míos han sido publicados en diversas revistas, entre ellas: Juglares y Alarifes, Trashumancia, Luvina, El Hoyo, Tierra Baldía (Aguascalientes), Generación (México D.F.), El Tribuno (Salta, Argentina), La Pausa (L.A., California), y en los periódicos Siglo 21, El occidental y Minotauro.
Compartí trabajo con Jorge Orendáin y Felipe Ponce en la Antología Tiro al Blanco. Poesía Última de Guadalajara. Fui compositor y saxofonista del combo Fulanos de Tal. En el año 2000 ingresé al grupo de reggae La Yaga. En el año 2002 grabamos el disco Regando Semillas.
Formo parte de la dirección de Ediciones Arlequín desde 1994. Soy aspirante al premio de poesía Avelino Pilongano.

Libros de poemas: No comas ángeles, Guadalajara, Ediciones Arlequín, 1994.

 

La canción de la araña
A Raúl Bañuelos

EN LOS PRIMEROS DÍAS DE ESCUELA
pidieron entre otras cosas un lápiz
en la lista de útiles.

Mal hice algunas planas
de elefantes subiendo por escalones
que para ellos fueron bolitas y palos.

Más tarde, ante una orden
tomaba la pluma por asalto.
Dibujé el nombrecito de una mujer en mi pellejo.

Me embriagaba ese sabor amargo
de la tinta entre los dientes.

Pasaron lentos años y padecí el infortunio
del compás, cinta métrica y rastrillo.

Luego, ya no quise arruinar
la hoja en blanco.
Ayer comí mis uñas
y con mi dedo índice,
desborré el poema manuscrito en la telaraña.

PIDO EL MECENAZGO DEL ODIO
el empleo de enterrador de cadáveres
mal vecino que poncha balones,
francotirador de los pájaros en la plaza.

Ruego ser testaferro de todos los dolores
un hombre moviendo los cuchillos,
quien pica tus pupilas tranquilamente
la orden de soltar a los leones.

Busco convertirme en el albacea de las enfermedades
en tu cuello ante la horca ,
la luz en la silla eléctrica
la bomba en Jerusalén.

Brindo por mi buena suerte
como becario del miedo:
kamikaze, bonzo, sicario, paramilitar, antimotín, carcelero
de la prosa nostra.
Agigantado y pudoroso
tiemblo al poner mi primer
pie sobre la tierra.

Gatié y sudé sobre ella.
Vi y saludé escarabajos
que pasaban junto a mí.

Lloré ante el desamparo de los brazos.

No está claro;
pongo mi segundo pie sobre la tierra:

ahora soy el último soldadito de plomo
que marcha en el tiro al blanco de la feria.

El caracol hacia la oreja

EL TELÉFONO INTERVENIDO
la flecha atravesando al corazón invisible
ningún toc-toc de puerta en el vecindario.

La lengua hinchada de peces
apagón de luz,
sigiloso llanto del cantante bajo la mesa.

La radio fuera del aire
el televisor sin recuperar señal,
así el deshilante dolor de la campana
una piedra hiriendo los cristales.

Los ebrios martillos en los pasos del equilibrista.
Añoro entonar la canción que tararea el caracol.

Uso correcto de la pluma Bic para escribir poemitas

1.— QUITE LA TAPA DEL BOLÍGRAFO.
2.— Agítelo.
3.— Póngalo en posición correcta, dirigido a la hoja.
4.— Desahogue sus penas.
5.— Firme el texto.
6.— Tape el bolígrafo.
7.— Colóquelo junto a la nota suicida.

Decálogo para un bebedor sin gracia

UNA: ANTES QUE LA LUNA.
Dos: para afinar la voz.
Tres: contra el súbito estrés.
Cuatro: ya no fui al teatro.
Cinco: ni tampoco al circo.
Seis: y mucho menos al beis.
Siete: por la mala suerte.
Ocho: soy un teporocho.
Nueve: la tierra se mueve.
Diez: inténtolo otra vez.

QUIERO HALLAR ALGO EXTRAÑO
en el circuito
no sé, un tranvía un terremoto
tres perros oliéndose el fundillo, una ambulancia
una barda sin graffiti, luz de hogar
un moño negro a poca distancia del zaguán
un puesto de fritangas.

Debería haber en el borde celeste
neblina tal que asesine
por la espalda nuestro boulevard,
luego oculte el arma blanca
cuando suban los nubarrones
y nos llueva sangre a ratos,
vengo ahogando pedacitos de llovizna
en mi cerveza
a ver si se me concede el milagro del tequila.

este calypso espanta

CON EL BRAZO DE OBREGÓN
la pata de santa anna
el ojo de un pirata
y corazón artificial.

con la oreja de van goh
la muela de una iguana
los huevos de zapata
y la sangre de algún ron.

con el canto de altazor
la piel de dos fantasmas
los cuernos de una vaca
y los faros de un camión.

con un ojo de venado
la pata de conejo
nariz de buen cyrano
y diente de león.

con tres cuellos de botella
la cola de mil pianos
los pies de una sirena
y la fuerza de chanoc.

con la mano de clemente
de hidalgo la cabeza
los pelos de una rana
y el fuego de un dragón.

En verdad te digo
que este calypso espanta
como los demonios
que duermen bajo cama.


JORGE RAÚL DÍAZ B.

G
uadalajara, 19 de septiembre 1972. Psicólogo por la Universidad de Guadalajara y maestrante en Metodologías de la Enseñanza por el IMEP. He publicado obra en revistas como Diez, El Hoyo, Trashumancia, Imati, Presencias y Desarrollo Cultural. Escribí y dirigí la obra teatral universitaria Apuntes para un olvido seguro (título de M. A. Larios). Coordiné la revista literaria El Hoyo, “profundidad literaria desde la superficie”. Coordiné el tríptico literario La Ventana. Coordiné la editorial Pato Anacoreta que publicó la colección de Poesía de Jalisco.
Entre 1999 y 2002 publiqué artículos aderezados con literatura relacionados con la tecnología y los sistemas de trabajo en revistas y portales como El Aseso,r de México, La Gente.com, Soter.com.mx, Laborum.com y AOL México. En 1996 publiqué la plaquette Levantarás esta tumba, en edición de autor. Actualmente preparo la edición definitiva del poemario Ficción del sueño, en colaboración con el flasher español Leo Geo.

Libros de poemas: Levantarás esta tumba, Guadalajara, edición de autor, 1996.

 

Signos

ESTOY SECO DE PERSONA.

En mí no sé qué habla,
No sé qué primitivo eco
se refleja.

Desconozco la semántica de mi esqueleto,
La ortografía de mi vida.

Desconozco por qué habito
Esta cáscara de grafito y humo;

Crecí enfermo.
Nací y crecí en la oscuridad de Dios,
Sin orden,
Sin arterias que pudieran decirme:
Somos de este hombre
Y en él concebimos nuestro propio rojo,
En él amamos la injuria
Que domina su sangre...

Crecí viendo lo irrepetible,
Viendo sombras y relámpagos,
Viendo el vacío de lo fijo,
El lleno de lo diverso.

Vi los puntos cardinales
Que definen la unidad del hombre,
Vi una columna de signos
Que marchaban y se desvanecían callados.
Vi el corazón repetido de Jesús,
Vi la vida palpitando entre ajenos nombres,
Vi el dolor que transitaba en calma entre cristales,
Vi el dolor, sus gritos que dejaban ecos infinitos.

Oí una cicatriz cerrando en la cabeza de un sordo,
Escuché los hilos que usa la vida
Para soldar llagas que hace la propia vida.
Oí el dolor que no dolía,
Y oí mi propia memoria
Mientras tocaba el abismo de mi muerte.

Olí la humedad que yace en un ojo vacío,
Olí cavidades cuyos perfumes en la memoria
Son inseparables de sus quicios.
Olí mi muerte
Y no era dulce como decían.
Olí las hierbas y los campos
Y corté en dos la vida
Para contaminar los signos
Que hace el hombre
Y así distinguir al olor
De su reflejo en la conciencia,
Y no confundirme en su mar nauseabundo.

Toqué un desierto,
Toqué el amor inscrito
En el reposo de un cadáver
Y toqué las llagas que forman
Las sustancias del recuerdo.
Toqué el sueño de un moribundo
Y lo solté aterrado,
Toqué la vigía de un niño
Pero sentí haber roto un frágil sueño.
Toqué la música que hacen los jardines,
Y toqué la ausencia que es blanca
Como la cal sobre los ojos.
Toqué con la ansiedad del taxidermista
Porque sentí que la vida era algo más
Que esta repetición de escenas.

Estoy seco de mí:

Navego en el mar de otros
Sobre agudas olas generadas por máquinas,
O en suaves espumas de almas híbridas.
En confusión, en tránsito, en polución,
En arenas, en camaleones, en fronteras,
En fusioncon, ne trántosi, en copulión,
En sanera, ne leonescama, en trónferas...

¿De qué intentan formarme,
de qué materia han de marcarme cicatrices,
de qué color dotarán a mi universo cóncavo?

¿Con qué palabras ondearán
mi frágil lengua mecánica?

¿A dónde voy o me llevan,
a dónde empuja tanto ruido?

Apenas pienso soy otro.
Hablo y habito otro que fui.

¿Quién habla en boca de quién, hombre?
¿Quién jala, desde su sueño,
este hilo que sostiene la vida...?

No hay predicador.
No hay un cuadro fijo
del pensamiento.

HUGO ANTONIO ROMERO

N
ací en la ciudad de Guadalajara el 23 de septiembre de 1972, mis primeros contactos con la literatura de una manera menos formal que en la escuela pero más plena fueron cuando tenía 11 o 12 año, que por recomendación de mi papá empecé a leer novelas: Juan Rulfo, García Márquez, Irving Wallas y otros, sin embargo la revelación más prodigiosa me sucedió a los 13 o 14 años cuando me di cuenta que estaba vivo poéticamente, no fue tan clara esta revelación, primero me di cuenta que la poesía tenía algo misterioso, esencial; estaba hecha con latidos, estaba viva, entonces leía a Bécquer, González Martínez, López Velarde entre otros, entonces me dio por imitar esta forma de estar vivos y empecé a escribir teniendo 15 años, en el año 1992 concursé y obtuve el segundo lugar en el concurso de poesía de la Preparatoria 7 convocado por la FIL, en el año 1999 participé en el taller de poesía de Raúl Bañuelos, al que actualmente asisto otra vez. Ahora sé que mientras paladee una palabra que aunque conocida me suene extraña, que arroja de pronto otro matiz, otro significado, que vuela con otros alcances, mientras la vida me pida una respuesta, mientras haya un paisaje, una emoción, un vértigo, sé que estaré vivo poéticamente.

 

Dudas sobre lo que son los ángeles

I
BLANCA REGIÓN DONDE PREDOMINAN LOS ÁNGELES
vasta planicie donde dormitan aquellos que no duermen
aquellos para quienes no se inventó la muerte
riberas al alba donde miles de pájaros
sueñan que son aire.

II
AQUELLOS PARA QUIENES NO SE INVENTÓ EL SUEÑO
habitan las madrugadas, amanecen de pie sobre las playas
simulando ser pájaros o luz que se despierta
inventan la espuma de las olas, jugando a ser aves cantan.

III
LOS HIERE EL MÁS MÍNIMO SILENCIO
su voz ilumina las distancias
se hunden en el agua clara del mar
aquellos que no saben lo que es estar heridos por la vida
sonríen bobalicones al canto del mar
y nos contemplan azorados
desde el fondo de su puro estado de aire.

A CIERTA EDAD YA NADA SE SABE
o sólo se sabe el miedo
se sabe el abismo
nada se quiebra ahí
solo se cae
se sueña la caída
en sus etéreos fondos
de repente se sabe
que el abismo es no tener alas
y tener que viajar obsesionado por cosas lejanas.

MAS YO SOY EL MISMO
Que pasó hace mil años por aquí
Por esta misma calle oscura,
Yo soy el mismo
Que sintió este humo espeso
Recorrer su sangre por dentro
En otro tiempo,
Un hombre que pensó que era yo
Y ahora en el centro de todo
Yo pienso que fui él.

NO HAY RETORNO PARA LA SOMBRA
Que vas dejando como un rastro
Por las banquetas y los cuarto que habitas,
Sombra aquí y sombra allá,
Es un ir sembrando sombra
A diestra y siniestra,
Cada vez más sombra,
Cada vez más sólo rumor
De sombra lejana;
Sombra que se aleja,
Rumor de sombra estallando a pausas.

SÓLO NOS COMUNICAMOS CON ECOS DE PALABRAS
Con murmullos rotos.
Desde tu altura me ves
Casi no entiendes mis señales,
Casi no me tocas el sueño.
Cada cual en su cima
y mirando su abismo
En la punta del pie.
Cada cual con su triste
Monólogo de hechizados,
Te hablo con mi sangre,
Sin mis labios
Y conseguimos nada
Sino este monótono mirarnos las manos;
El tacto es nuestro lenguaje mudo,
Por el tacto nos acercamos,
Sin embargo, cada caricia es encontrar
Que somos sólo sombras sin orillas.

LA DESAPARICIÓN ES UN HECHO;
Siento que me estoy yendo
Cada vez escucho menos
Cada vez me hundo más en el aire
y me voy haciendo invisible seguramente
Pero es plácido este irse hacia adentro
Este viaje lento para resplandecer.

DANTE ALEJANDRO VELÁZQUEZ LIMÓN

L
agos de Moreno, 1973. Arquitecto titulado por la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Perteneció a los grupos teatrales ODI y Quetzalli, en su ciudad natal, para los que escribió: Hay muertos que no hacen ruido, Ha muerto chicho, Primera llamada, y otras obras de teatro. Perteneció al taller literario de la Casa de la Cultura de Lagos, coordinado por Sergio López Mena y al taller literario Casa Terán, coordinado por Ricardo Esquer.
Actualmente es Presidente de la Corresponsalía del Seminario de Cultura Mexicana, miembro del Consejo de la Crónica Municipal y miembro del taller literario El Tlacuache. Fue coeditor de La Araña Patona, Tinta Nueva y Cuadernos del Tlacuache, además de publicar poemas y cuentos en Quimera, Paralelo 21, Talleres, Cronos, A la Intemperie, Ochocientos y El Sol de León, entre otras revistas y periódicos de la región; así como en La Jornada Semanal. En la Corresponsalía del Seminario de Cultura Mexicana edita Baluarte.

 

Elemental

LA MAÑANA DEL VEINTE SE CAE
toma por rehén el patio
sacude sus crines y llama con voz de hojarasca

El sol abreva en las macetas acabadas de regar

La patria encima
es el errante sueño de la abuela

Gorgojean las sombras de la camelina
cuando pasamos corriendo

Qué ancha la mañana
pienso
mientras la abuela
recoge azafrán y lunetas de color
y nosotros, en la habitación mullida
miramos tele sin parpadear

La escalera

MI ABUELA Y SU ASMA RECORREN A GOLPE DE TAQUICARDIA LAS HABITACIONES
la recuerdo desde siempre, subir y bajar una peraltada escalera de cemento
bajar y subir
andar de jadeos interminables
para guardarse un rato tras la ventana del otro piso

y bajar
y subir
la misma escalera toda la vida,
esa que se ha ido prolongando en silbidos de año en año
cada vez más insaciable
pared de himalayas
abismo de cántaro y macetas y porcelanas
carraspeos sin fin que nos dolían a todos muy en medio de la garganta
muy en medio de la abuela, de la mujer aquella
cuya sombra titubeaba bajo un reloj
cuya asma nos abandona otra vez en la estepa de lo ignoto
y su pecho —enorme hueco a donde van girando nuestros nombres— tiende preguntas deshebradas:
¿por qué serán húmedas las cosas de la abuela?

Morir de asma debe ser un rito prolongado al que estamos destinados los morosos
los que no tenemos para cuándo recorrer la casa y nos vestimos de gris
amamos en gris y andamos húmedos todas las tardes

La casa siempre

LA CASA SIEMPRE ATRÁS
envuelta en su llama de padre, en su agua de hermano

la calle siempre arqueada bajo una noche de hospital

es carajo el murmullo del radio
vértigo el grito del insomne
cuerda de luz el recuerdo que azota estos cristales

Es siempre la casa un verano de arena
claroscuro de un domingo
reducto de televisión y abandonos

Qué hallazgo el nuestro. Qué enorme
apenas andada una vida y llenas las manos de polvo extraño.

Los siempre nosotros de vuelta a casa
quién nos viera:
pertrechos del tiempo en que la abuela llevaba
un murciélago por chal
los dolorosos de vanguardia
hemos de andar a ella con ojos hartos
a media luz
y entrar de puntitas
para que no escuche que va a morir.

No te besaré en Paris

NO ROZARÉ EL DIAMANTE
que enciende tu falda
Ni te haré el amor
en un hostal de barrio

Cuídate, amor
porque no tendré el pecho dispuesto
ni los labios húmedos
bajo ese escote

Esta noche Paris no es luz
Quiere ser mi arcano golpe
de sal amarilla
que hurga heridas en la Rue Moreau

A lo lejos, donde tu palma de diosa
no llega,
los hombres se arrastran por un café amarillo
tres niñas se prostituyen
y la boca del metro se llena de harapos

El cielo, boca abajo, destila agujas
sobre el perfil doliente de tu sombra

No quiero amarte, amor, en Paris,
hace frío y nuestro frío
se ampara en el plomo
que la lluvia deja.

La noche, en su angustia

LA NOCHE, EN SU ANGUSTIA, CALCINA NUESTRO RUMBO;
es harta la ciudad, sobrado el miedo,
la luna un mazapán que se desprende a tajos.

Cuerpo adentro la fragua de dos.
Mi sangre en tu sangre: trepadora mar,
rabia de hierro que nos ancla
que nos deja heridos.

He aquí tu muerte,
tu llama caída de mujer,
tu siempre sustancia de vértigos sin espacio,
tu ancestral ardor por consumirme.

Yo he dicho que la muerte se asemeja al sitio donde amamos,
por eso me quedo a temblar,
contemplo tu dorso
tu cuello de cantera

un día cualquiera llagará en tu boca el recuerdo:
vástago de carnes blandas y ojos a media luz.
De frente su agudo silencio, soberano de sí,
de espada nuestros nombres

nos encontrará en otra noche como ésta
preparando un café para los dos.

FELIPE PONCE

G
uadalajara, Jalisco, 10 de marzo de 1973.
Mis padres nacieron en Sayula y fueron obreros en Guadalajara, y de ellos nací aquí en marzo de 1973. Murió mi padre cuando yo tenía dos años, y ya no tuve más hermanos. Fui un niño solitario, que a veces cantaba en el patio. A los once comencé a trabajar y con mis primeros dineros compraba fascículos de enciclopedias en los supermercados. Una vez fui en bicicleta a Tonalá, y al bajar veloz del cerro de la Reina la llanta se atascó en un hoyanco: fui a caer tres o cuatro metros después. Llegué a la casa, escribí lo que me sucedió y me quedé dormido; desperté en medio de tremenda regañada por mis vagancias. De ese modo conocí el poder de la palabra escrita.
Cuando estudiaba la preparatoria comencé a escribir mis primeros poemas, amorosos, por supuesto. En esa época entré al taller de Raúl Bañuelos y descubrí la poesía. En 1992 entré a la Facultad de Filosofía y Letras. En 1994, un grupo de amigos fundamos Ediciones Arlequín con el fin de publicarnos y publicar el trabajo de otros jóvenes escritores. La editorial no ha dejado de ser pequeña, pero ha mejorado su productos con el paso de los años y de ella ahora vivimos algunos. Nomás he publicado un libro de poemas. He hecho compilaciones y otro tipo de trabajos, pero siempre al servicio de la poesía.
Aún viajo en bicicleta. Y me gusta recorrer tanto los caminos viejos del oriente de mi ciudad, en San Gaspar o en Zalatitán, como las callejuelas de barrio gótico de Barcelona, o la calle Huerto de San Juan de Dios, solo casi siempre, quizá con una pacha en la bolsa, en las cercanías de un bar o un expendio. Me gusta pasar desapercibido, por eso me gusta la noche, para disimularme ella.

Libros de poemas: Bitácora del noctante, Guadalajara, Ediciones Arlequín, 1995.

 

Bitácora
[Fragmentos]

Alcohol, albur ganado, canto del cisne del azar.
Sólo su paz redime del Anciano del Mar
y de su erudita tortura.
Alcohol, ancla segura y abolición de la aventura.
Gilberto Owen

unido a la soledad del mar aquel hombre soñaba
y no era un sueño
y perdía su nombre, perdía su voz arrojada como una corona fúnebre
que el oleaje deshojaba al pie de otro silencio,
aquel hombre ya sólo tenía que ver con el agua.
José Carlos Becerra

NAVEGABA SIN MAPAS
Este timón
dirigía
el rumbo de la brújula
Viré por la calma
y la humedad anémica
Allá dejé
los colores salados Las aguas turbulentas
los ruidos en callejones anegados
y los jardines que he sorteado
de la travesía

Hoy concluyo la ruta
ya repliego mis velas
en el puerto:
Lanzo el ancla
Desembarco
Abordo el muelle
con el cuidado en el paso
—la madera guarda la fragilidad veloz del descuido—
en el umbral
empujo
las persianas
quebradizas
de la taberna
me siento
leo la bitácora:


Navegante de estas calles
deja tu balsa
Entra a mi camarote
deshazte de tus ropas enlamadas
y deja
que la brisa interior
te conforte

Descansa
calma tu sed
con los vahos del aire
haz de ti el olvido
y bebe

Ahora
yo guiaré el barco
No temas
soy el tabernero

Real de Catorce

...comme
dans la plus grand hauteur
on
plonge.
André du Bouchet

I
DESDE EL TÚNEL LA CALLE VA
a las montañas
las piedras señalan el rumbo
al camino
al arrastre y a los polvos
en estos días
altísimos
del desierto

—las casas agarradas al suelo
insensatez de eternidad
de las piedras
cascarones—
la sequedad y el olvido a gajos
ignoran
que los despeñaderos y los fierros se quiebran
que las vías tuercen las rutas
—necedad del ferrocarril
vigía que en sus fierros resiste
el dolor embriagado—
únicamente los bordes
permanecen intactos:
los cerros
las biznagas
como dioses dormitantes
las espinas que atarantan
y hacen caer
las vías
y el precipicio plano:
aun en la más grande altura
uno
se hunde.

II
Palabra
grito que se mece
envuelto del aire
en la cima
voltea
entrando
a la cueva
que lo toma
y lo encierra

III
El frío
dolor
la garganta agrietada
resonancia
enferma
sonido corto
gutural

como la palabra sola

metáfora llana
del desierto.

La hoja en blanco
Hoy laceamos este animal imaginario
que correteaba por el color blanco
Raúl Zurita

SE ME ENTREGA LA HOJA EN BLANCO EN TODA SU BLANCURA:

(en la hoja en blanco no veo ningún vacío,
su transparencia es tanta que lo llena todo)

pero no tengo nada que escribir

(tomo un lápiz y sólo hundo la punta en la superficie blanquísima,
la hoja en blanco está llena de palabras invisibles)

ya todo está escrito en la hoja en blanco:

Tecali bar
soy lujurioso, la lujuria me concierne
François Villon

QUERIDA GORDA MARGOT PURÍSIMA ZORRA
hechizaste irremediablemente el pequeño mundo
la zona franca del tecali esta noche

te has permitido desdeñar a una veintena
de cazadores furtivos
ningún sardo ni borracho ha tocado tu soberbia
no saben el precio de tus cejas orondas

nos has dejado un puntiagudo dolor en los cojones

no te conmueves viendo entre la caterva
a los hombres desesperados
con la impaciencia del buscador de orgasmo
allá tú pero también estás sola

cincuenta y con los tres dice la voz de una puta ebria

en cierto Villon
debemos tenerte por tonto
nunca creíste que hubiera tanta bondad en el amor

la porquería nos gusta bien dijiste

GUADALAJARA LA PERRA
guadalajara la santa
la frívola la lerda
la timorata la puta
la injusta la boba

guadalajara decente
glotona impúdica
persignada glamorosa
francesa gringa provinciana

guadalajara con artritis
con almorranas con tumores
con fiebre acatarrada mocosa

guadalajara tan robusta
tan miope tan nalgona
tan pedorra

guadalajara fea traicionera
hipócrita majadera
amamántome de ti
y muerdo con deleite
tus enormes tetas bofas

FRANCISCO PARTIDA HOY

G
uadalajara, Jalisco10/08/1973. Egresado de la Escuela de Arquitectura del ITESO, (Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente) me he dedicado desde entonces a coeditar la revista de literatura, espacio y artes visuales Juglares y Alarifes. Asimismo he colaborado en otros proyectos culturales colectivos, como en el desaparecido programa matutino de radio La cuenta de los guías, en el que hacía una entrega semanal.
Actualmente me desempeño como editor externo en libros para el ITESO.
He publicado algunos poemas en revistas y suplementos locales y de la ciudad de México.
Soy papá de una niña de meses: ella crece al lado de Vanesa y mío sin saber de los conflictos bélicos crecientes ni de los especuladores de la vida humana; ella respira el aire crudo que le dejamos después de la fiesta del progreso. Pero como creo en ella, creo también en las palabras que pronuncian las personas y que dan sentido a sus actos.
La poesía según lo veo, al igual que otros procesos creativos, es conocimiento del modo y modo de conocimiento.

 

1

EN LA ASEPSIA BARROCA DEL HOSPITAL,
un bulbo nervioso encandila la sala de la ciencia.
Hay frenesí por la sangre, cuando cuatro manos de caucho
cortan y separan tu piel insensible como una tela sin vida,
de las capas de grasa y dos se hunden en la cavidad a hurgar.
El mineral adormecedor, soluble en gotas sincrónicas,
al padre con mono azul, le sirve de quitapenas.

Fuera de la sala de la ciencia nadie espera renacer.
Ahora es feliz la madre. Su garganta se aclara
conforme la tarde ennegrece y se hace de piedra.

La niña cesárea y atea llega sana y morada.
La noche anterior aún flotaba anfibia,
pero nació a la oquedad zapopana de ese invierno.
Abrazó el mono azul a la niña amoral que ya respiraba,
alzándola cuanto pudo
con la cabeza a tope de conjeturas,
aunque el pecho salvaje de contento.

2

NADIE FUMA. FUMAREMOS CUANDO ESTÉN FUERA DE SÍ LAS PALMERAS.
La naturaleza en el aire se introduce apaciguada.
Son los cuerpos los que huelen ahumados en el frío.
La calma es una imagen diminuta que duerme entre nosotros.
Sala de espera, día o noche: luz igual.
Todo en minutos se amilana.

Escucho trepar por mis ojos a la vida indómita,
al misterio que asciende de un foso de luz lechosa.
Alrededor de mí se endulzan los frutos.
Las personas son como silbidos lejanos
que vuelven nítidos desde la retaguardia.

3
LOS PARIENTES VAN Y VIENEN, AMIGOS NOS ABRAZAN.
La procesión de primates representa
la tinta de estas palabras, el silbido social,
imagina tú el goce de la niña entre nosotros.

Subterráneo Hidalgo

ANCIANOS DE 12 AÑOS LLENOS DE OLVIDO COMEN COMO PÁJAROS
habitan las alcantarillas del túnel Hidalgo.
Muchachos huraños de uñas carcomidas
que sin ayuda de nadie
aprenden pronto que su lugar es un pozo sin puertas.
Duermen en gargantas de concreto asfixiantes,
estrepitosas e incómodas como las cataratas del fin del mar.

Juegan limpio donde se unen el humo del petróleo
y el tibio orín casero. Hay un líder y otros cuatro confían en él.
Esparcen ahí un olor a ámbar prehistórico.
Luces siempre vivas culebrean,
mientras un par de perros delgados como modelos bostezan
zumbando los autos en el techo de las cavernas de aire

donde se refugian del adulto enrojecer y respiran a sus estrechas

Uno de esos parias aviesos y desconfiados
tuvo claro un pensamiento: se veía aislado
de su pozo. Amanecía y en vez del zarzal urbano,
de los motores omniscientes y por eso inaudibles;
en vez de las paredes de hormigón de su refugio nuclear,
se encontraba en un accidente geológico
tranquilo como una turbulencia verde cuesta abajo.

Against the border patrol

HE CONTEMPLADO LA NADA ESPANTOSA DEL DESIERTO QUE NO ALIMENTA
y la oriflama del la sed inmensa me aterró
como quien mira su propia cara en un sueño libre de sonido.
Ni tengo himno ni espero patria; soy afectado de los sismos sociales;
soy migrante: despatriado, no llego a refugiado político
sino a simple preso del hambre,
más bien no tengo símbolos caducos,
pero me quedo con los nopales y la guitarra negra de una mujer que va conmigo.

Nos hemos hundido junto al que suda dulce de cola.
Las remesas de los hijos ausentes huelen a soldado,
a culo sudado y a cobaya intemporal,
a pelos chicanos ensortijados en las camisas de algodón
de los universitarios de yale y de harvard.

Hope: la promesa de una urraca desplumada
anidó en nuestra conciencia falsa de arrimados,
Sin embargo, ahí están nuestros intentos,
los pocos y temblorosos intentos de lilberación,
los deslizamientos brutales necesarios para cambiar
como los caracoles robaconchas, desde adentro y golpear afuera por un lugar.

Los días fúnebres

EN LA OSCURIDAD MITAD CONSCIENTE, SALIVAS.
En la negatividad de la materia que reposa, sueñas.
Cuando cierras los ojos y tú mismo caes inconsciente;
laxo, en una red de ideas mucosa, el espíritu se despliega y repliega
bogando en una totalidad fragmentada como un vitral
o parmenídea en su traza circular, plena, sin fisuras.

Despertar rabioso y musical, con hambre y sed
de perpetuar la supervivencia, a través de un olor rojo
que se enrede entre las piernas —se entiende.
Pero luego todo es decepción
o el instinto es cada vez menos humano,
y la idea